Me senté al piano –éste, estaba encajado en el espacio entre la pared, de la
librería y el ángulo de la puerta– era un piano clásico, sobre el cual colgaba de la pared un
espejo hexagonal de estilo antiguo– abrí la partitura y empecé a tocar.
De repente, tuve la sensación de tener una mirada clavada en mi espalda mire al
espejo, pero no vi a nadie –¿eres tu cariño?–pregunté, pero no hubo respuesta...
Todo había empezado hace algunos años en la antigua casa donde vivíamos. En
aquella época se había puesto de moda el juego de la “Agüija”, consistía en poner unas
letras grandes escritas en un papel sobre la mesa y un vaso al revés, alrededor se
sentaban los participantes y apoyaban un dedo sobre el vaso, éste debía moverse –
debido a las energías de los asistentes – y señalando las letras correspondientes. Dar una
respuesta a las preguntas que se hacían por los presentes.
Un día se reunieron las amigas de mi mujer en casa y comenzaron con el ritual,
sentándose alrededor de la mesa apoyando el dedo indice en el vaso y concentrándose,
el esfuerzo fue inútil, el vaso no se movió, lo repitieron una, dos, tres, y más veces sin
resultado alguno. Hartas y decepcionadas acordaron averiguar si lo estaban haciendo
correctamente.
A la semana siguiente lo intentaron otra vez y con el mismo resultado– estaban
cansadas y a punto de abandonar– fue entonces cuando mi mujer me pidió que me
sumara a ellas, pues yo tenía muy buena energía, según ella.
Lo hice pensando más en acabar de una vez y así poder cenar que por otra cosa.
Las instrucciones eran apoyar el dedo en el vaso, no pensar en nada y permitir que
tu cuerpo fuera un medio para que los espíritus pudieran usarlo para contestar a las
preguntas que se le hacían.
Obedecí rigurosamente, y al tercer intento el vaso se movió y aquí empezó mi
suplicio, pues ha partir de entonces comencé a ser miembro activo de estas reuniones
que por lo demás se convirtieron en habituales y exitosas.
Unos meses después estando solo en casa comencé a percibir algo muy extraño,
en primer lugar percibí una sensación desconocida, como una presencia extraña que yo
notaba pero no veía, era como si en el salón hubiera entrado alguien, notaba su presencia
su mirada. Pero no había nadie.
El más allá
Con el tiempo se fueron incrementando, lo percibía casi siempre, incluso a veces
inmerso en la lectura de un libro me sobresaltaba por un instante, esa mirada que no veía
se había posado en mi y me sacaba de mi lectura.
Se había despertado una parte sensorial oculta en mi hasta aquel momento, algo
espiritual dormido y que de pronto había cobrado conciencia.
Lo atribuí a los juegos de la “Agüija”, pues yo nunca había tenido tal clase de
sensaciones.
Empecé a sentirme observado permanentemente e incluso cuando cerraba la luz al
acostarme siempre tenía la sensación de que había alguien más en la habitación, Excepto
si estaba con mi mujer o había alguien en casa, entonces no percibía nada de todo ello.
Anuncié que no contaran conmigo para este juego, con la consiguiente decepción
por parte de todas, incluida mim mujer, insistieron, pero mi decisión era irrevocable. Y se
acabaron para siempre las sesiones.
Mientras, intenté no volverme loco y trate de integrar esta presencia en mi vida
cotidiana, le puse nombre y cuando no se encontraba en casa alguna cosa en su sitio,
pensaba– vaya ha sido Trisky– que era el nombre que le había puesto – que lo habrá
cambiado de lugar.
Así con el paso del tiempo, me acostumbré a esta presencia, aunque con el paso
del tiempo se fue desvaneciendo – o eso creí yo–
Hoy cuando por primera vez desde entonces he vuelto a percibir algo extraño
Mientras tocaba el piano he vuelto a tener la sensación de que no estaba solo, a
través del espejo no he visto a nadie, he llamado a mi mujer pero ella no esta en casa, y
he visto aterrorizado como la puerta entreabierta del pasillo se ha ido cerrado muy
despacio, como si alguien la estuviera acompañando. Me he levantado y me he dirigido
hacía el pasillo, de repente el piano a comenzado a sonar, las teclas se movían pero no
se veía a nadie tocándolas.
La sangre se me ha helado, los ojos casi me han salido de las órbitas y por un
instante todo me daba vueltas, de espaldas a la pared apoyándome en ella me he ido
acercando al piano y de repente con un acopio de valor he bajado la cubierta. El piano a
dejado de sonar, el taburete se ha movido hacía atrás y un pequeño soplo de viento me
ha llegado a mi cuando la puerta del pasillo se ha abierto.
Continúa...