El-que-me-da-comer se levanta temprano, más o menos cuando sale el Sol. Yo le espero, como siempre, en la puerta de su Nido, meneando la cola. Se que es temprano, pero tengo hambre. En realidad, yo siempre tengo hambre. Cuando sale, me acaricia la cabeza y dice algo cariñoso junto a la palabra “Benji”. Huelo su sueño, pero del Nido sale también el aroma de La-que- me -da -de -comer hembra. Bueno, de la última. Es la un, dos, que pasa por su Nido desde la última vez que hizo calor. El Tío es un flecha. Un verdadero macho alfa. Por eso, y porque me da de comer, le hago caso y le obedezco; bueno, más o menos.
Antes de meterse en el cuarto del Agua, me ha llenado el bol de las galletas de colores. Me gusta comerme primero las color-carne y después las color-hierba. Después bebo agua y me la paso por los dientes y me siento delante de la puerta del cuarto del agua esperando a que salga, para que me saque a pasear. Pero cuando sale me esquiva y se mete en el Nido.
Como se ha dejado la puerta abierta, entro detrás de él. Se está vistiendo, mientras habla con la hembra. Una oleada de ese olor dulzón que desprenden los humanos en celo me entra por el hocico, e intento sacarme rascándomelo y haciendo un gruñido. Ahora veo que hablan de mí, porque El-que-me-da-de-comer me está señalando. Justo cuando está vestido, me dice una de esas cosas que me cuesta entender, pero como por en medio oigo la palabra “fuera”, meneo la cola pensando que vamos a pasear. Pero no, lo que hace es sacarme del Nido, saludarme, y salir de Casa.
Supongo que me sacará a pasear La-que-me-da-de-comer-hembra, que aún duerme en el Nido. Empiezo a tener ganas de mear, pero recuerdo el bofetón que me dieron detrás de las orejas y el baño con agua fría la última vez que lo hice. Odio el agua. Mientras, miraré por la ventana los pájaros del jardín de delante de casa, y las casas-metálicas-pequeñas-que-se mueven que pasan por debajo de los arboles.
Creo que ha pasado un buen rato, porque el Sol ya está muy arriba en el cielo, cuando La Hembra sale por fin del nido. Huele más a sueño que él. Se acerca y me hace unas carantoñas cogiéndome el pelo de la cara y las orejas, y me dice algo de lo que distingo “pasear”, “Benji” y “un rato”. Yo me tumbo de espaldas, para que me frote la barriga, y cierro los ojos mientras lo hace. Ella ríe, pero me deja allí mientras se mete en el cuarto del Agua. El ruido del agua que cae de la fuente alta me hace recordar que empiezo a tener muchas ganas de mear. Y de defecar. Para que se dé prisa, pego un ladrido lastimero, y ella me contesta algo desde detrás de la puerta.
Finalmente, sale del cuarto del Agua, huele a romero y a miel y a limón, pero, sobretodo, a pelo mojado. Ya va vestida, y se acerca al gancho donde está la correa, pero reacciono rápido, y me pongo a ladrar mientras golpeo la puerta con las patas delanteras. Consigo que se olvide de la correa y abre la puerta. Empiezo a corretear por el pasillo arriba-abajo, golpeando la pared del fondo cada vez que llego a ella. La-que-me-da-de-comer-hembra, se rie, mientras se acerca al armario-que-sube-y-baja. Toca algo en la pared para abrir el armario, pero esta vez hay que esperar, y yo oigo como el armario sube detrás de la puerta. Pego el hocico a la puerta, pero no consigo oler aún el jardín. Al final, se abre la puerta y entramos los dos; Como siempre, yo me pongo nervioso y doy vueltas por todas las esquinas del armario-que-sube-y-baja, hasta que se vuelva a abrir la puerta y salgo corriendo; me tengo que esperar un momento más a que me abra la puerta de la calle. Pero cuando lo hace, salgo disparado, me pongo detrás del arbusto inodoro que hay a unos 15 pasos de la puerta, al entrar en el parterre, y me alivio por fin…. Mientras, levanto el hocico y olfateo un poco; lo de siempre, el olor las casitas-metálicas-que-se-mueven, la hierba cortada, alguna flor nueva, los orines de algún otro perro, y sobretodo, ese hedor humano…
¡Un momento!, no, hay algo nuevo; huele a algo especiado y la vez dulce… ¡¡¡Huele a la perrita-de-color-tierra-seca!!! Levanto la cabeza y empiezo a correr arriba y abajo por el parterre, buscando donde huele más a ella… Oigo como La Hembra grita “Benji”, pero no estoy para ella, y la pierdo de vista (aunque se dónde está por el olor). Recupero un poco la cabeza me doy cuenta que donde más va a oler a ella es en la esquina del parterre más cerca de la fuente, porque siempre la huelo por allí.
Y no falla, allí está… Se que ella me ha olido, pero se hace la interesante restregando el hocico entre la hierba. Me acerco y golpeo el aire con la cabeza para llamar su atención. Cuando ella me mira, aprovecho que estoy en la parte alta del parterre para forzar la postura y mostrarme escultural. Noto que le gusta, porque lo huelo y oigo un ligero ronroneo. Me acerco altivamente. Le huelo el sexo; huele dulce, picante, caliente, ella también me huele mi sexo. Y se gira poniéndoseme receptiva. Y yo aprovecho…
Justo estaba acabando cuando nos cae encima el agua fría; la pasión no me había dejado oler la rabia y el enfado de La-que-da-de-comer-a-la-perra-color-tierra-seca, y nos ha pillado por sorpresa el remojón de agua fría que nos ha lanzado desde la fuente. Yo ladro, no, mejor, lloro, como la pobre perrita-color-tierra-seca, que me es arrebatada por los brazos delgados que huelen a lavanda gastada de La-que-le-da-de-comer, que mientras me grita palabras feas que no entiendo, pero que tampoco puedo entender; Estoy desorientado por la impresión del agua fría, irritado por el desengaño, asustado por los gritos de la bruja, cuando la hembra del-que-me-da-de-comer me agarra y me levanta del suelo. Le huelo la vergüenza que le sale de la boca mientras el enfado de la-que-da-de-comer-a-la-perrita inunda todo el aire. La hembra cruza unas palabras con la cabeza baja (oigo, “nunca más” y “perdón” varias veces) Me lleva en brazos hacia casa, y me da un par de collejones entre los ojos. Yo lloro un poco, por la humillación y porque voy mojado y tengo frio.
Pero es peor cuando llegamos a Casa, porque me encierra en el cuarto del Agua y cuando me pongo a ladrar, aterrado pensando que va a encender la fuente alta conmigo debajo, me apaga la luz…. Es por eso que no se cuanto tiempo ha pasado hasta que no oigo la voz de El-que-me-da-de-comer; Entonces ladro, pero ellos hablan detrás de la puerta. Bueno, habla ella, y huelo el enfado creciente de él. Yo no lo entiendo, sólo intentaba ser como él. Al fin y al cabo el ha tenido una ,dos hembras desde que hizo calor, y yo sólo he tenido una, dos, tres, cuatro desde que nací, y siempre a escondidas en los parques.
Al final, encienden la luz y abren la puerta; Y El-que-me-da-de-comer se me acerca, me agarra del collar. Está enfadado, aún así le oigo las palabras “Benji”, “Pichabrava” y “Ultima Vez”, que me suena tranquilizadoras. Pero al final dice una palabra que me recuerda a dolor, a cuando me cortaron las orejas, o cuando me dan pinchazos con unas agujas lárguisimas; “Veterinario”. Pero lo acompaña con un gesto gracioso con los dedos, juntándolos, como imitando al trasto ese que usa para abrir la bolsa de las galletas. Y me tumbo de espaldas para que me rasque la tripa.
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Nueva casa
Hace 5 meses

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