domingo, 14 de marzo de 2010

Hola diario - Marta Guerrero

domingo, 14 de marzo de 2010

Hola diario, soy la Lucy, bueno la Lucía. Te he comprado pa empezar a escribir las historias del barrio, de Vallecas claro. Le he pagado por ti tres eurazos al chino, eso sí, eres la hostia de guapo, papel del bueno y cubierta de tela con lunares verdes y rosas y un dragón echando fuego en el medio. El Lim Piao me ha dicho que las importaciones están cada día más caras, “sí, sí y yo que me lo creo”, pa mí que son todos de la mafia china. Te voy a ir contando lo que pase en la pelu donde trabajo, que no es moco de pavo, se entera una de cada cosa… Es un barrio de buena gente, pero eso sí, hay algunos más raros…



Esta mañana la Loli y la Viki hablaban de la Carmela. Parece que a la chica le va el rollo bollero, las tías vamos. Se ve tan normalita y mira tú. Claro que “de tal palo tal astilla”, ya decían del padre que hacía de chulo allá por la Casa de Campo.
Por la tarde ha venido la señá Josefina, la más bien del barrio, que sabe mucho y habla como elegante. Viene todas las semanas y le gusta que la peine yo, porque la Lucy escucha y calla, que por eso te he comprado, pa desahogarme un poco. Pues bueno, yo veía que la mujer no estaba contenta pa la vida regalá que lleva, y siempre que si todos los hombres son iguales, que si mi marido tiene mal carácter, que si siempre está de mal humor… Hasta que hoy ha venido con un morao en la cara -un golpe al abrir el armario de la cocina, ha dicho- y arañazos en los brazos -el gato que es juguetón- “sí, sí y yo que me lo creo”. Claro, es que el marido la pega. ¡Ay la hostia! Lo raro es que no se le haya visto nada antes. Primero no debió de ser mucho, más o menos lo aguantable cuando te salen un poco bestias, pero se ve que la cosa va a más y la pobre mujer ya no aguanta. ¡Bueno, bueno! El tío debe mirar donde le arrea, pa que no se note. A mi me daba penilla y quería acompañarla a ponerle una denuncia pero me ha dicho “Quita, quita, que luego es peor. Ya me las arreglaré yo”
Hola diario, ha sido una semana de lo más aburrido sólo cotilleos de lo que sale en la “Hola” por eso no te he contado nada, pero hoy he venido con el cohete en el culo porque, mientras yo estaba preparando el tinte detrás del biombo, la señá Josefina y la Carmela se han despachao a gusto. ¡Ay la hostia!, decían:
-Ay Carmela, cariño mío, yo ya no puedo más con el Mariano, me va a matar.
-No Josefina, no, le voy a matar yo a él como tú no te decidas a arreglarlo. Tienes que defenderte, mi vida.
-Ya lo sé Carmela, ya lo sé pero tengo miedo, no me atrevo.
-Pero cielo, ese bruto no merece compasión, está claro que él no te va a dejar.
-Ay Carmelita, ayúdame, yo sola no puedo, necesito que estés a mi lado.
-Debe dejar de formar parte de tu vida, chata. No hay otra salida.
Te das cuenta diario, se quieren cargar al Mariano. Si va a ser que la Josefina también es libiana y le estorba el marido pa poder juntarse con la Carmela. ¡Y hablaba como elegante la muy bruja! Resulta que la pega, “sí, sí y yo que me lo creo”. ¡Ay la hostia! ¿Qué hago?
Hoy más, diario. Resulta que cuando he ido por el bocata pa comer, estaban sentados a una mesa el Lim Piao y la señá Josefina, bueno que ni tan señá ni tan fina, la vamos a dejar en Josefa. Se me ha puesto la mosca en la nariz y me he sentado en una mesa detrás suyo par ver si pillaba algo, pero sólo he oído “sí señola, mañana a las onse venga con su malido a mi almasén, Chi Flao les estalá espelando con instlucciones mías, y todo lesuelto”. “De acuerdo” le ha dicho la Josefa. ¡Ay Dios, que me lo matan! ¿Qué hago? No puedo avisar a la guardia civil porque la Lucy no es una chivata y lo que hablan sus clientes en la pelu queda en la pelu, pero mañana, que libro, seré su sombra.
No te lo vas a creer, diario. Esta mañana, desde las diez, estaba arrimada al quiosco que está en frente de la casa de la Josefa haciendo ver que leía el Lecturas y con el rollo de amasar escondido en una bolsa de gimnasia, por si hacía falta. A la media han salido la Josefa y el Mariano que han ido andando tranquilamente, cómo si no pasase nada, “y yo que me lo creo”, hasta el almacén del Lim Piao. ¡Bueno, bueno…! Han entrado y yo he tenido que subirme sobre eso de la basura pa poder ver la escena del crimen e intervenir de urgencia con el amasador, en el momento preciso. Lim Piao les ha saludado a lo chino, diciendo que sí con la cabeza varias veces, y les ha presentado a Chi Flao que ha dicho que era su contable y les daría la información que habían pedido pa poder invertir sus ahorros en importaciones de Rolex chinos. ¡Bueno, bueno…! ¡qué raro es todo esto!
Les he seguido de vuelta a su casa y he esperado en la esquina hasta que el Mariano ha salido otra vez por la tarde. Aquí hay gato encerrao, y yo voy detrás del maltratador, que encima está liao con la mafia china, y de la libiana asesina, como me llamo Lucía, y que la santa me proteja la vista. Me cojo el 22 al que se ha subido el Mariano y nos bajamos en Lavapiés, yo siempre de incójnito, con gafas de sol, una boina, el periódico y la bolsa de gimnasia por si acaso. El Mariano entra en una escalera que pone “Pensión. Se alquilan habitaciones por horas”. Espero detrás del buzón de correos y, de pronto, me veo aparecer por la esquina a la Carmela, que también lleva gafas negras y el pelo así como sobre la cara –no el peinao de siempre de la pelu- y me entra en la misma pensión. Después de una hora de espera y a punto de caerme redonda, por el frío y porque no había metío nada en mi cuerpo serrano desde la mañana, salen, primero la Carmela mirando a un lado y a otro y con las gafas de sol, aunque ya era casi oscuro, y al poco el Maltratador-Mafioso, sonriendo. No sé, todo es muy confuso, qué lío mi madre.

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