martes 8 de noviembre de 2011

El andamio - Isabel García

martes 8 de noviembre de 2011

Julio, experto en seguridad, no podía dar crédito a lo que vió esa mañana desde su balcón. Lo resumió cómo “historia de un accidente anunciado”.

El lunes comenzó el montaje de un andamio en el edificio en frente de su casa. Era viernes y seguían montándolo. Durante la semana, Julio había desarrollado un nuevo y macabro hábito mientras se tomaba su primer café del día; apoyado en el balcón hacía quinielas sobre cual de aquellos trabajadores sufriría “el accidente”.

El montaje del andamio era muy sencillo, la dificultad radicaba en la habilidad que tiene el ser humano de convertir lo fácil en difícil. El equipo de trabajadores parecía la final de la Copa de las Naciones. Las apuestas habían pasado desde Colombia, el lunes, Rumanía el martes, Argentina el miércoles y España el jueves.

Pues bien era viernes 08:00 de la mañana. Julio salió al balcón para seguir con su ritual semanal cuando de repente vio como desde el séptimo piso, Rumanía resbalaba con una lata, chocaba con la barandilla al tiempo que en efecto dominó caían al vació un montón de tubos metálicos y detrás de ellos, al estilo circense, Rumanía, como si fuera un trapecista en un salto mortal sin red. Vaya sorpresa ¡ – se dijo Julio- ya que nunca fue uno de sus favoritos.

Ahora la apuesta era si llegaría antes al suelo los tubos o él. En la caída, al pasar por el segundo piso, su pie se quedó enganchado en una soga que colgaba de un cubo lo que frenó en seco la caída.

Debido al susto Rumanía se había desmayado por lo que balanceándose como un péndulo de un lado a otro del edificio, era incapaz de responder a los gritos de sus compañeros. Julio, tragó saliva y suspiró mientras se limpiaba el café que le había caído en la camisa del susto.

Atendiendo a una ley universal por la cual “si las cosas puedan empeorar, lo hacen”, se desencadenaron los siguientes acontecimientos. Colombia, Argentina y España corrieron a reunirse en el segundo piso para intentar soltar a Rumanía de la cuerda y darle asistencia. Después de numerosos gritos y ademanes entre ellos debido a la dificultad para soltarlo, decidieron democráticamente que lo bajarían suavemente con la ayuda de una polea, la cual tenía su anclaje en el séptimo piso.

Mientras Colombia y Argentina bajaban a la calle con la intención de atar en una pequeña plataforma unos cuantos tubos metálicos y de esta manera hacer contrapeso para bajar el cuerpo lentamente, España vigilaba al accidentado por si despertaba, el cual seguía atado y colgando en el segundo piso.

Debido a que ninguno de ellos calculó el peso del cuerpo, al terminar de atar los tubos, Argentina levantó el dedo pulgar a España como señal para que soltara el cuerpo lo cual precipitó el resto de circunstancias por un principio simplísimo de física. El cuerpo comenzó a descender rápidamente a una velocidad inversa pero proporcional a la de los tubos metálicos.

Así fue como Rumanía recobró la consciencia al caer sobre Colombia y Argentina. Éstos magullados y con alguna que otra fractura intentaban levantarse cuando los tubos que habían llegado al séptimo piso a la misma velocidad que cayó el cuerpo, se soltaron de la plataforma por el fuerte impulso y empezaron a caer sobre ellos. Motivo por el cual Rumanía volvió a perder el conocimiento.

España que estaba en el segundo piso contemplando la escena, se vio incorporada a la misma cuando el último tubo lo golpeó la cabeza y lo hizo caer encima de Rumanía, Colombia y Argentina.

Cuatro ambulancias y dos coches de policía cortaban la calle. Julio había llamado a la primera, el resto fueron llegando como los acontecimientos.

Lunes 08:00 de la mañana, Julio café en mano salé al balcón. Todavía mantenía en la retina los acontecimientos del viernes anterior pero esta vez tras cinco minutos de experta observación y después de ver a los suplentes, apostó por el chino que servía la terraza al lado de la obra.